Celebramos 65 años

Sí. Teatro Circular de Montevideo cumple hoy 65 años. Y ahí va la nave, zarandeándose como siempre sobre el oleaje.
Fenómenos inimaginables propios de la comunicación como este espacio llamado Facebook recuerdan el acontecimiento aunque nosotros no lo hiciéramos.
Ni que hablar de la vieja agua que corre bajo los puentes.
Buena parte de nuestro futuro ya es pasado y como no puede ser de otra manera sólo nos queda el presente, implacable, con sus dos caras, una atemorizante y la otra prometedora y radiante.
No se puede evitar imaginar aquel nacimiento. Siglo pasado, década del 50. Ya se iba imponiendo en nuestro país un teatro independiente robusto de contenido social y justiciero, calidad y hondura. En este camino ya iniciado se suma la propuesta de un teatro de forma circular que sería el primero con estas características en toda América Latina.
A pesar de las dudas esgrimidas por los especialistas que planteaban imposible hacer buen teatro si se contravenían las reglas del reinante teatro frontal, la práctica demostró que todas las prevenciones eran exageradas y que el nuevo método proveía otra forma de hacer teatro, llena de cercanía, naturalidad y frescura, incluso, acercando nuevos espectadores. Es así que pasados apenas dos años de su nacimiento el Circular produce uno de los primeros éxitos de público con “EL CASO ISABEL COLLINS” de E. Shelley, dirigido por Hugo Mazza y protagonizado por Alma Claudio.
Esta etapa histórica estuvo signada por la fuerza y constancia de los hermanos Eduardo Malet y Hugo Mazza, acompañados por un grupo de entusiastas fundadores, como Gloria Levy, María Teresa Villanueva, Salomón Melamed, Eduardo Proust, entre otros.
El diseño de la Sala Uno estuvo a cargo de los arquitectos Serralta y Clermont, alumnos del célebre Le Corboussier.
Pero el tiempo no para y los años sesenta explotaban sus gritos de cambios por todas partes en todos los aspectos.
Teatro Circular no rehuyó el desafío, por el contrario redobló la apuesta. En esta década y entrada la siguiente, conducido por dos colosos también hermanos, Walter y Osvaldo Reyno, y fortalecidos por la batuta genial de Omar Grasso nuestro Teatro Circular supo hacer un gran aporte a la vanguardia artística y conceptual. Fue la etapa histórica en la que la lucha por la libertad y la justicia social afirmaron su protagonismo en la Institución (REY LEAR, LOS FUSILES DE LA PATRIA VIEJA, LOS DIAS DE LA COMUNA DE PARIS entre otros muchos).
Y sin más preámbulo cayó sobre el país la dictadura cívico-militar.
No por sabido, menos doloroso: en el terreno del arte todo fue atropellado, en nuestro caso específico, el teatro independiente perseguido y diezmado. La Institución Teatral El Galpón cerrada y sus integrantes obligados a ir al exilio. Cada cual en su trinchera encaró como mejor pudo al sunami.
El grupo que quedaba de Teatro Circular con los hermanos Reyno a la cabeza, decidió mantener el teatro abierto y funcionando, invitar a los alumnos de la escuela de arte dramático de El Galpón -que habían quedado a la intemperie- a terminar sus estudios en nuestra propia escuela, y conceder un lugar artístico e institucional a distintos compañeros del movimiento teatral. Asimismo, fortalecidos con la presencia del director Jorge Curi (proveniente también de El Galpón) y de muchos otros artistas se fue construyendo una programación de esperanza y anhelo de libertad y justicia con el propio público.
Con acierto, este fenómeno dio en llamarse “estética de la resistencia”.
Fue una etapa dura y de gran aprendizaje en la que los espectadores desbordaban las salas.
A continuación, con la reapertura democrática y la reconstrucción institucional del país, la problemática fue cambiando y las nuevas encrucijadas son nuestro actual presente: las nuevas formas de producción teatral, el relacionamiento con el Estado, los cambios tecnológicos, las nuevas herramientas de comunicación, el comportamiento del público. He ahí el actual oleaje.
Pero, en esencia, el rumbo sigue siendo el buen teatro y la dignidad de los contenidos.

Texto: Juan Graña

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